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famiglia_globalizzata.JPG (29411 byte)LA FAMILIA "GLOBALIZADA":

¿ POSIBILIDAD O UTOPÍA?

 

SUSANA BAER MIESES*

 

 

Vivimos en un mundo en vertiginoso cambio, caracterizado por la inestabilidad, la innovación y la disolución de estructuras tradicionales. También por la búsqueda y a la vez el rechazo de normas que hacen viables los diferentes tipos de convivencia humana. Nos preguntamos: ¿dónde está la familia? ¿Qué entendemos hoy por "familia"? Nosotros, como terapeutas de familia, inmersos en este mismo contexto de inestabilidad ¿qué podemos hacer para aliviar a esas parejas, a esas familias sufrientes que piden nuestra ayuda? ¿Acaso estamos ante la desaparición de la "familia" en su sentido tradicional de sistema de convivencia de personas de por lo menos dos generaciones? No podemos esperar que en el ámbito de las relaciones los sistemas humanos permanezcan como islotes de estabilidad en un mar de cambios.

Sabemos que se han multiplicado los tipos de familia y aún más, si cabe, los estilos de vida. Los diversos tipos de convivencia actual están marcados por las separaciones y los divorcios con lo cual aumentan las familias monoparentales, o las dobles familias monoparentales y las familias reconstituidas. También es frecuente el living apart together, las parejas casadas o sin formalizar legalmente su unión, muchas que no desean descendencia y otras que buscan casi desesperadamente la adopción de niños, las parejas sucesivas, las parejas homosexuales, etc. Estas son algunas de las formas que conforman el vasto cuadro de subsistemas diversos que existen en nuestra sociedad occidental actual, especialmente en Europa. Sin embargo seamos conscientes de que en amplias regiones del mundo y en particular en Latinoamérica, que forma parte de "occidente", se sigue aferrado mayoritariamente a estructuras tradicionales de poder en los sistemas familiares.

El proceso de apertura de nuestras sociedades con respecto al concepto de igualdad de las personas ha abierto el acceso a la educación y a la formación profesional, a cambios en el nivel social de las personas que, entre otros factores, ha llevado a una pluralidad inédita de formas de vida. Una rápida mirada a la composición del estudiantado universitario actual confirma esta afirmación.

A su vez el proceso lento e imparable de la emancipación de la mujer, su acceso al mundo del trabajo, los modernos métodos anticonceptivos que posibilitaron su liberación de la atadura biológica que durante milenios determinó su vida, han llevado a profundas transformaciones en las relaciones humanas y especialmente en las de pareja.

La creciente movilidad geográfica de las personas es otro factor fundamental que sumado a los anteriores está provocando el cambio en las estructuras de convivencia y en la cultura de la sociedad. Estos cambios no son sincrónicos en todos los niveles, no afectan simultánea y uniformemente a todos los sectores de la sociedad. Observamos que los más afectados por estos cambios son por un lado los jóvenes y personas en la adultez temprana, especialmente en grupos que se autodenominan "alternativos" (es decir: que buscan diferenciarse) y por otro parejas de larga convivencia, en las cuales suelen ser las mujeres las que cuestionan la organización del sistema del que forman parte.

Todos estos cambios han provocado que las normas indispensables para la convivencia humana sean de poca estabilidad en una sociedad caracterizada por la anomia y que a la vez ofrece una enorme oferta de posibilidades. En este contexto los sistemas humanos se abocan a la búsqueda de orientación a la vez que a un cuestionamiento de estructuras que ya no se viven como legitimadas. Esta rápida transformación tiende al desligamiento de los individuos y a la segregación de los sistemas. Se van creando formas de vida más individualizadas y más aisladas. Simultáneamente hay una transferencia de funciones que tradicionalmente eran ejercidas por la familia nuclear y/o extensa a las instituciones públicas, con lo cual la familia va perdiendo su característica de "comunidad" en cuanto a solidaridad y ayuda recíproca. Es posible que este proceso tendiente al individualismo aún se intensifique y se extienda a la sociedad en su conjunto. Sin embargo, también es posible que aparezcan otras formas de solidaridad en vínculos extrafamiliares que puedan suplir los cambios de estructura familiar.

El individuo puede percibirse liberado del dictado social en cuanto a significados, valores y normas y puede desarrollar su propia filosofía de la vida. Como ya decía Durkheim: (La división del trabajo) "el juicio individual se ha independizado del juicio colectivo". La disminución de las constricciones sociales sobre estilos de vida ha llevado a cambios importantes en la elección de pareja. Se suele realizar de una manera más individualizada y sobre una base emocional. De esta manera se ha transformado en una elección de mayor riesgo lo cual se evidencia en la frecuente conflictividad de las parejas y el alto porcentaje de separaciones. Lo que decía J.Willi en 1986 (en un artículo publicado en la prensa alemana: FAZ) con referencia a la pareja: "el anhelo tan humano de relaciones seguras y confiables" parece cada vez más difícil de lograr. Sin embargo el alto índice de segundos y terceros matrimonios o parejas y de familias reconstituidas pueden ser expresión de aquel anhelo en la actualidad. Pareciera que, salvo excepciones, el afecto y el amor no son bases sólidas y estables para una convivencia suficientemente satisfactoria a través del tiempo.

Observamos en la clínica que los adultos se separan con mayor facilidad que antaño, facilidad que no implica que ocurra sin sufrimiento. Podemos hipotetizar que esta mayor facilidad se debe a que la historia de la relación no está construida sobre la dependencia. Se suele tratar de dos individuos adultos que han formado pareja sobre una base emocional y de igualdad, es decir simétrica, que durante su convivencia siguen siendo dos individuos independientes en los aspectos económicos y –a menudo-en lo que concierne a su red social.

En cambio la situación de los niños no ha cambiado: necesitan contar con relaciones de apego seguro (Bowlby) con cada uno de sus padres biológicos para su desarrollo psicosocial funcional. En casos de separación o divorcio de los padres la falta de relación con uno de ellos suele tener consecuencias importantes en la evolución del niño. La clínica nos demuestra que no es suficiente con que una nueva pareja de la madre o del padre asuma las funciones parentales. Este fue el caso de una familia en la cual los padres se autodefinieron como familia "moderna". Se trataba de una familia reconstituida, multicultural y multilingüe que pidió ayuda por la situación del hijo mayor, Nikolaos, de 8 años, que presentaba dificultades de aprendizaje y de relación con su madre biológica y con sus compañeros de la escuela. La madre, Eva, había contraído nuevas nupcias y tenía un hijo en común con su nueva pareja. Este hombre ejercía plenamente las funciones parentales, tanto las sociabilizantes como las nutricias (Linares). ¿Qué había sucedido? Los padres del niño ahora sintomático se habían separado hacía 5 años, no tenían ninguna relación en cuanto a sus funciones parentales compartidas y tampoco la había entre el padre biológico y sus dos hijos. Era como si la madre hubiera "archivado" aquella relación y tampoco el padre biológico mostraba interés en tener una relación con sus dos hijos más allá del paquete con regalos y felicitaciones para Navidades.

La madre, Eva, nos relata que ella y una amiga, ambas suecas y de veintipocos años, habían planificado un viaje de vacaciones a Grecia. En una galería de arte conocieron al artista que exponía su obra, quedan con él y fue entablándose una relación más estrecha entre Eva y Démetrios. Eva decide quedarse en Grecia. Dice haberse enamorado tanto del hombre como de la cultura, tan diferente a la suya. La pareja se casa. Nacen los hijos. La familia vive medio año en Grecia, otro medio año en Suecia. Están en permanente movimiento. No hay tiempo para el arraigo en ningún sitio. Los niños hablan griego con el padre y la abuela paterna; sueco con la madre y la abuela materna; inglés en el colegio. Cuando nace Sebastián los padres ya tienen una relación conflictiva. Nikolaos tiene 3 años cuando comienzan las dificultades: llama la atención su comportamiento agresivo con sus compañeros en el jardín de infancia. Un año más tarde se separan los padres: Eva decide no volver a Grecia después de una estancia en Suecia. Lo que antes la atraía en cuanto a diferente ahora lo rechaza. Considera que Démetrios no es el padre adecuado para sus hijos. La distancia geográfica facilita la exclusión del padre y de la abuela biológicos. Los niños no ven a su padre ni se habla de él. Como si fuera el lema "de lo que no se habla no existe". Probablemente estos padres tampoco conocían el dicho africano que dice: "Hay dos cosas que debemos dar a nuestros hijos: primero raíces, después alas."

Sabemos que la identidad de las personas también está ligada a una determinada cultura. En parejas y familias migrantes o heterógamas ante la aparición de conflictos el individuo se ve agredido en su identidad y el desarraigo de la migración se puede transformar en intolerancia o rechazo abierto hacia aspectos del nuevo entorno y en un retorno compulsivo a la cultura original. También es frecuente que los conflictos tiendan a solucionarse mediante la exclusión de subsistemas.

Al poco tiempo Eva conoce a Ingmar, un técnico sueco, separado y padre de una hija de 10 años. En su juventud había pasado una temporada de estudios en España. Tiene un recuerdo maravilloso de aquella época y buenos conocimientos de castellano. La hija de Ingmar, Anne, convive con su madre y su nueva pareja. Eva e Ingmar tienen un hijo y planean vivir una temporada en Madrid donde Ingmar tiene relaciones laborales que le permiten realizar este anhelo. Mientras tanto las dificultades de Nikolaos se intensifican: ya no es solamente en la escuela donde se presentan sino que es abiertamente agresivo con su madre a la que empuja y golpea y, además, tiene dificultades con el lenguaje, en todos los idiomas, por lo que es atendido por una logopeda.

Una vez instalados en Madrid piden una consulta familiar en nuestro Centro el cual les ha sido recomendado por una amiga. Coincidiendo con la visita que en ese momento realizaba la hija de Ingmar se convocan los seis miembros de esta familia. Anne tiene ahora 13 años y expresa lo contenta que está de poder estar con su padre y cuánto lo echa de menos en Suecia. Esto permite focalizar en la ausencia del padre biológico de los dos hijos mayores de Eva y realizar un trabajo de integración del miembro excluido del sistema. Contando con la buena disposición de Eva e Ingmar se producen contactos telefónicos con Démetrios. También él se muestra dispuesto y accesible a organizar una visita a Madrid. El equipo terapéutico ayuda a contener y elaborar las intensas emociones que surgen antes y durante la visita. Previo al regreso de Démetrios a Grecia la familia planifica un viaje de Ingmar con los dos hijos mayores de Eva en una fecha próxima para que los niños visiten a su padre, a la abuela paterna y a los lugares en los que vivieron algunas temporadas de su corta vida. Este fue el punto de inflexión para el cambio en esta familia, que llevó a sus miembros a recorrer un proceso de integración de los diversos aspectos que los constituía y que a partir de ahora les podían enriquecer.

En la familia que acabo de describir someramente, poner tierra por medio había sido una forma habitual de solución de conflictos, quizás sea mejor hablar de evitación de conflictos. Eva tenía 8 años cuando sus padres se divorciaron. Su padre tenía muy poca relación con ella, sólo aparecía con regalos para Navidad. Esta misma regla familiar persistía entre Démetrios y sus dos hijos. Por lo tanto se repite de forma transgeneracional. En las sesiones de terapia Eva habló de las dificultades que tenía con su madre y relacionó su deseo de vivir en España, aún sin conocer el idioma, con el de alejarse de su madre.

Sin embargo, si bien los padres pueden ser migrantes voluntarios, los niños –como dicen Grinberg y Grinberg en su obra "Migración e identidad"- siempre son "exiliados". El emergente sintomático de este sistema familiar, Nikolaos, se constituyó en el portavoz de varias situaciones de pérdida que no eran aceptadas como tales y por lo tanto no podían ser elaborados los duelos respectivos. No se había aceptado la situación de duelo por los lugares (Suecia y Grecia) incluidas sus culturas, ni de las personas, comenzando por el padre y la abuela biológicos de los dos hijos mayores, ni de los familiares en Suecia: Anne y la abuela materna principalmente. Tampoco se había hecho un duelo por la pérdida de la familia anterior de Ingmar, su primera mujer y su hija. También tenemos que recordar que en familias migrantes se observa una disminución de la capacidad de contención afectiva por parte de los padres, situación parecida a la que vemos en familias reconstituidas en su primera fase de convivencia. Por otra parte, y como suele suceder en familias reconstituidas, no había un reconocimiento de ser una familia especial. Todos estos aspectos estaban presentes en nuestro trabajo con ellos y se pudieron abordar en un enfoque sistémico en el que se integraron intervenciones cognitivas, emocionales y pragmáticas y se realizaron técnicas activas durante las sesiones.

Esta familia, y su buena evolución a partir de la intervención terapéutica, nos permiten reflexionar sobre la complejidad de las redes relacionales en familias reconstituidas y en este caso con múltiples migraciones y desarraigos. La disonancia cultural tan atractiva en migraciones temporales de tipo turístico puede llevar a importantes rechazos cuando la convivencia multicultural íntima se prolonga y las personas no logran integrar diferencias. Las consecuencias para el desarrollo psicosocial de los individuos pueden llegar a ser importantes y prolongadas. Carlos Sluzki dice que se necesitan entre 2 y 3 generaciones para que se pueda producir una integración funcional en familias migrantes. Si este proceso es exitoso podríamos hablar de "familia globalizada" y de la cultura como transformadora de la naturaleza humana a través de la integración de la diversidad.

Volvamos a la evolución hacia el individualismo. Otro factor que lo fomenta es la competividad y la atribución de valor al rendimiento, al éxito y a los bienes materiales característicos de la sociedad occidental actual. Para acceder a la movilidad social propia del éxito personal a menudo es requisito una movilidad geográfica, por ejemplo el técnico, el científico o el ejecutivo que deben trabajar un período de tiempo, a veces prolongado, en otra ciudad o incluso en otro país. La persona que está dispuesta a desplazarse a menudo logra mejorar condiciones de trabajo, económicas, profesionales, etc., Esta movilidad será más accesible para aquellos individuos que son más independientes en cuanto a sus obligaciones familiares o que pueden prescindir de su red social habitual con mayor facilidad. Por tanto vemos cómo la movilidad fomenta la individualización y el aislamiento de forma recursiva.

La influencia de los medios de comunicación, que globalizan la información, y a la cual se ve expuesto el individuo de forma masiva, transporta la pluralidad del mundo al seno de lo cotidiano haciendo más cercanas otras culturas. En este sentido la omnipresente televisión es la influencia poderosa que penetra en el espacio íntimo y por la cual el individuo recibe un amplísimo abanico de experiencias vividas por otros que va incorporando como posibilidad para sí mismo.

En cuanto a los vertiginosos cambios que estamos viviendo también debemos señalar las diversas situaciones de maternidad y paternidad mediante las modernas técnicas de fertilización. Como consecuencia de ellas se están creando varios tipos de madre: la genética, la portadora del feto, la educadora y la "completa" que asume los tres roles. Esta situación está teniendo una profunda repercusión en la relación entre géneros. Será interesante observar las estructuras que se vayan creando, lo mismo que el desempeño de roles y funciones.

Las tendencias demográficas actuales en Europa se podrían sintetizar de esta forma: maternidad tardía, aumento de la decisión de no querer tener descendencia, mayor número de hijos en parejas no legalizadas, disminución del número de miembros de las familias y aumento de las separaciones y divorcios con constitución de nuevas parejas o familias reconstituidas. También hay que mencionar el aumento de adopciones en general y de las internacionales en particular. Lamentablemente estas adopciones frecuentemente no tienen un final feliz. Podríamos parafrasear a Max Frisch, el escritor suizo que en los años 60 y ante la intensa inmigración que se producía en Suiza, dijo: " necesitamos mano de obra y nos han venido personas". Ante la situación de adopción internacional podríamos decir: necesitamos un hijo y nos ha venido un extraño. Por tanto, también en este caso podemos preguntarnos si estas familias podrán "globalizarse", es decir integrar lo diferente para crear una nueva cultura de convivencia.

La intrincada realidad actual determina una creciente complejidad en la red de relaciones y la necesidad de negociación permanente en los sistemas de convivencia para poder cumplir satisfactoriamente sus funciones. Se hace imprescindible una coordinación eficaz esencialmente en cuanto a los tiempos y los espacios de los miembros de la familia, una búsqueda permanente de soluciones a las dificultades cotidianas que aparecen en mayor número donde hay más individualización de las actividades de los miembros. Este complejo cúmulo de exigencias hace más vulnerable al sistema en su conjunto.

La pluralidad de formas y estilos de vida actuales ha provocado la deconstrucción de la representación de "normalidad" lo cual de manera recursiva también lleva al debilitamiento de los cánones sociales. ¿Resultará más fácil integrar diferencias cuando "lo normal" deja de estar prescrito por el contexto? Entonces: ¿será posible la familia globalizada como un sistema funcional del siglo veintiuno?

 

*Susana Baer Mieses,
Psiquiatra, Psicoterapeuta, Terapeuta de Familia,
Centro Atenea,
Blasco de Garay 88, 1· B,
28003 Madrid, Spain.
www.terra.es/personal/ateneatf

 


 

     [Italiano]      La famiglia "globalizzata": una possibilità o un’utopia?

                 SUSANA BAER MIESES*

 

Viviamo in un mondo in continuo cambiamento, caratterizzato dall’instabilità, l’innovazione e la dissoluzione delle strutture tradizionali. Oltre a ciò, si osserva inoltre la ricerca, a volte il rifiuto, delle norme che rendono possibile i diversi tipi di convivenza umana. Ci domandiamo: dove sta la famiglia? Che cosa intendiamo oggi per famiglia? Noi, come terapeuti familiari, immersi a nostra volta nello stesso contesto instabile, che cosa possiamo fare per aiutare queste coppie, queste famiglie sofferenti che richiedono il nostro aiuto? Siamo forse di fronte alla disgregazione della "famiglia" intesa nel modo tradizionale cioè come sistema di convivenza di persone appartenenti per lo meno a due generazioni? Non possiamo sperare che nell’ambito delle relazioni i sistemi umani si mantengano come isole di stabilità circondate da un mare di cambiamenti.

Sappiamo che si sono moltiplicate le tipologie di famiglie e, ancora di più, gli stili di vita. Le diverse forme di convivenza sono attualmente caratterizzate da separazioni; i divorzi fanno aumentare il numero delle famiglie monoparentali e le famiglie ricostituite. Sono inoltre frequenti il "living apart together", le coppie sposate o senza una formalizzazione ufficiale dell’unione; molte quelle che non desiderano figli; altre che ricercano quasi disperatamente un figlio in adozione, le coppie di omosessuali, etc. Queste sono alcune delle forme di convivenza che compongono il quadro dei diversi sottosistemi che esistono nella nostra società attuale, specialmente in Europa. Siamo inoltre consapevoli che in molte regioni del mondo e in particolare in America Latina - parte del mondo occidentale - si continua all’interno dei sistemi familiari a rimanere fedeli a strutture tradizionali di potere.

Il processo di apertura delle nostre società riguardo al concetto di uguaglianza ha permesso a molte persone di accedere al sistema educativo e alla formazione professionale, al cambiamento nel tenore di vita e ha inoltre portato a una pluralità di forme di vita precedentemente sconosciuti. Una veloce occhiata al variegato mondo universitario confermerà la mia affermazione.

Il processo lento ma inarrestabile dell’emancipazione della donna, la sua entrata nel mondo del lavoro, i moderni metodi contraccettivi hanno reso possibile la sua liberazione dai legami biologici che per millenni hanno deciso la sua vita e hanno provocato trasformazioni profonde nelle relazioni umane, specialmente nella relazione di coppia.

La crescente mobilità geografica delle persone è un altro fattore fondamentale che sommato a quelli precedenti sta provocando il cambiamento nelle tipologie di convivenza e nella cultura della società. Questi cambiamenti non sono armoniosi a tutti i livelli, non influenzano contemporaneamente e uniformemente tutti i settori della società. Dalle nostre osservazioni rileviamo che ad essere maggiormente influenzati da questi cambiamenti sono da un lato i giovani e i giovani adulti, specialmente quei gruppi che si autodefiniscono "alternativi" (cioè: che ricercano la differenziazione) dall’altro le coppie con una lunga convivenza, nelle quali di solito sono le donne quelle che mettono in discussione l’organizzazione del sistema di cui fanno parte.

Tutte queste trasformazioni, in una società caratterizzata dall’anonimato il quale a sua volte offre un enorme ventaglio di possibilità, hanno avuto come effetto l’instabilità delle norme che regolano la convivenza umana. In questo contesto i sistemi umani vanno alla ricerca di un modo per orientarsi e nello stesso tempo mettono in discussione le strutture esistenti, percepite come non più adeguate. Questa così rapida trasformazione provoca lo scioglimento delle relazioni e la chiusura dei sistemi. Si stanno sviluppando forme di vita più individualistiche e isolate. Contemporaneamente, si ha un trasferimento delle funzioni che tradizionalmente erano esercitate dalla famiglia nucleare e/o estesa alle istituzioni pubbliche, per cui la famiglia sta perdendo la sua caratteristica di "comunità" in quanto a solidarietà e aiuto reciproco. E’ possibile che questo processo che tende all’individualismo venga ancor più intensificato e si estenda alla società nel suo complesso. Non è da escludere che nascano nuove forme di solidarietà fuori dai vincoli familiari che possano supplire alle trasformazioni delle strutture familiari.

L’individuo può percepire se stesso liberato dalle regole sociali in quanto a significati, valori, norme e può sviluppare la sua propria filosofia di vita. Come diceva Durkheim: (‘La divisione del lavoro’) "il giudizio individuale si è reso indipendente dal giudizio collettivo". La diminuzione delle costrizioni sociali sugli stili di vita ha portato a cambiamenti importanti nella scelta del partner. Tale scelta viene di solito fatta tenendo conto di fattori individuali e di aspetti emotivi. La scelta si è trasformata in un compito che presenta maggiori rischi e ciò viene dimostrato dalla frequente conflittualità rilevata nelle coppie e dall’alta percentuale di separazioni. Nel 1986 J.Willi (in un articolo pubblicato nella rivista tedesca Faz) ha affermato in riferimento alla coppia: "il desiderio tanto umano di relazioni sicure e che diano fiducia" sembra sempre più difficile da ottenere. Senza dubbio l’alto indice di secondi, terzi matrimoni, di coppie o famiglie ricostituite possono essere intese come l’espressione di quel desiderio. Sembrerebbe, salvo eccezioni, che l’affetto, l’amore non siano basi solide e stabili per una convivenza sufficientemente soddisfacente nel tempo.

Rispetto al passato rileviamo che gli adulti si separano con più facilità, facilità che non implica l’assenza di sofferenza. Si può ipotizzare che questa maggiore facilità sia dovuta al fatto che la relazione non si fonda sulla dipendenza. Di solito si tratta di due individui adulti che hanno costruito il rapporto di coppia su basi emotive e di uguaglianza, cioè simmetriche, e che durante tutto il periodo della loro convivenza continuano a mantenere la propria indipendenza economica e, spesso, tengono separata la propria rete sociale.

Di contro, la situazione dei bambini non è cambiata: hanno necessità di contare su relazioni di attaccamento sicuro (Bowlby) con ciascuno dei genitori biologici per uno sviluppo psicosociale armonioso. Nei casi di separazione o divorzio dei genitori la mancanza di relazione con uno dei genitori ha di solito conseguenze importanti nella crescita del bambino. La nostra esperienza clinica dimostra come non sia sufficiente che il nuovo compagno della madre o del padre assuma la funzione genitoriale. Questo è il caso di una famiglia nella quale i genitori si autodefinirono come una famiglia "moderna". Si trattava di una famiglia ricostituita, multiculturale e multilinguistica che chiese aiuto per il figlio maggiore, Nikolaos, di otto anni, che presentava difficoltà di apprendimento e di relazione con la madre biologica e suoi compagni di scuola. La madre, Eva, si era nuovamente sposata e aveva un figlio in comune con il nuovo marito. L’uomo esercitava pienamente la funzione parentale, tanto da punto di vista della socializzazione quanto da quello dell’accudimento (Linares). Che cosa era successo? I genitori del bambino avevano divorziato da cinque anni, non avevano più nessun tipo di rapporto per quanto riguarda le funzioni genitoriali e anche tra il padre biologico e i suoi due figli erano cessate le possibilità di incontro. Era come se la madre avesse "archiviato" quella relazione e neanche il padre non mostrava interesse nel mantenere la relazione con i suoi figli, fatta eccezione per i regalini e gli auguri natalizi.

La madre, Eva, ci riferisce che lei e una sua amica, entrambe svedesi poco più che ventenni, avevano organizzato una vacanza in Grecia. In una galleria d’arte conobbero l’artista che esponeva le opere, si organizzano con lui per vedersi e in seguito nacque una relazione tra Eva e Démetrios, l’artista. Eva decide di fermarsi in Grecia. Dice di essersi innamorata tanto dell’uomo come della sua cultura, tanto diversa dalla sua. La coppia si sposa. Nascono i figli. La famiglia vive metà anno in Grecia, e l’altra metà in Svezia. Sono in continuo movimento. Non c’è tempo per mettere radici in nessun luogo. I bambini parlano greco con il padre e la nonna paterna; svedese con la madre e la nonna materna; inglese a scuola. Quando nasce Sebastiàn i genitori già non vanno più d’accordo. Nikolaos ha tre anni quando iniziano le difficoltà: il suo comportamento aggressivo con i compagni dell’asilo richiama l’attenzione. L’anno successivo i genitori si separano: Eva decide di non tornare in Grecia dopo il suo soggiorno in Svezia. Tutto quello che prima la attraeva in quanto diverso adesso lo rifiuta. Pensa che Démetrios non sia il padre adeguato per i suoi figli. La distanza favorisce l’esclusione del padre e della nonna biologica. I bambini non vedono il padre, ne’ si parla di lui. Il motto è: "ciò di cui non si parla non esiste". Probabilmente questi genitori non conoscevano il detto africano che dice: "Ci sono due cose che dobbiamo dare ai nostri figli: prima radici, dopo le ali.".

Sappiamo che l’identità delle persone è legata anche a una determinata cultura. Quando nelle coppie e famiglie migranti o miste nascono dei conflitti l’individuo si vede aggredito nella sua identità e lo sradicamento causato dalla migrazione si può trasformare in intolleranza o nell’aperto rifiuto verso le caratteristiche del nuovo contesto, con un conseguente ritorno rigido alla cultura di origine. E’ inoltre frequente che i conflitti tendano a risolversi mediante l’esclusione di parte dei sottosistemi familiari.

Dopo poco Eva conosce Igmar, un tecnico svedese, separato e padre di una figlia di dieci anni. Da giovane aveva passato un periodo di studio in Spagna. Ha un ricordo meraviglioso di quel periodo e ha una buona conoscenza del castigliano. La figlia di Igmar, Anne, vive con la madre e il suo nuovo compagno. Eva e Igmar hanno un figlio e progettano di vivere un periodo a Madrid dove Igmar ha rapporti di lavoro che gli permettono di realizzare questo desiderio. Intanto le difficoltà di Nikolaos si intensificano: ora le difficoltà non si presentano solo a scuola, ma è anche apertamente aggressivo con la mdre che spintona, picchia e inoltre ha difficoltà di linguaggio, in tutti gli idiomi, tanto che è seguito da una logopedista.

Una volta trasferitasi a Madrid chiedono una consulenza familiare nel nostro centro che è stato loro raccomandato da un’amica. Dato che in quel periodo la figlia di Igmar si trovava da loro per una visita vengono convocati tutti e sei. Anne ha tredici anni e mostra di essere molto contenta di stare con il padre e dice di sentire molto la sua mancanza quando è in Svezia. Questo permette di focalizzare l’attenzione sulla mancanza del padre biologico dei due figli maggiori di Anne e di realizzare un lavoro di integrazione del membro escluso del sistema. Facendo conto sulla buona disposizione di Eva e Igmar si favoriscono i contatti telefonici con Démetrios e lui stesso si mostra disponibile a organizzare una visita a Madrid. L’équipe terapeutica aiuta a contenere e elaborare le intense emozioni che emergono durante la visita. Prima del ritorno di Démetrio in Grecia la famiglia pianifica un viaggio di Igmar con i due figli maggiori di Eva affinché i bambini visitino il padre, la nonna paterna e i luoghi nei quali hanno vissuto dei periodi della loro giovane vita. Questo fu il punto di cambiamento in questa famiglia, che portò i suoi membri a ripercorrere un processo di integrazione dei diversi aspetti che li caratterizzavano e che a partire da ora li potevano arricchire.

Nella famiglia che ho appena finito di descrivere brevemente, mettere molti chilometri di distanza era stata la forma abituale di risolvere i conflitti. Eva aveva otto anni quando i suoi genitori divorziarono. Suo padre non aveva molti rapporti con lei, si faceva vivo sono a Natale con i regali. Questa stessa regola permaneva tra Démetrio e i suoi due figli. Per tanto la regola si ripete in forma transgenerazionale. Negli incontri di terapia Eva parlò delle sue difficoltà con la madre e mise in relazione il suo desiderio di trasferirsi in Spagna, nonostante non conoscesse ancora la lingua, con il desiderio di allontanarsi dalla madre.

Senza dubbio, se i genitori possono essere migranti volontari, i bambini - come affermano Grinberg e Grinberg nella loro opera "Migrazione e identità"- sono sempre "esuli". Il membro sintomatico di questo sistema familiare, Nikolaos, si fece portavoce di varie situazioni di perdita che non erano accettate come tali e pertanto non potevano esserne elaborate le conseguenti sofferenze. Non erano state accettate le sofferenze legate ai luoghi (Svezia e Grecia), alle loro culture e anche alle persone iniziando dal padre, la nonna paterna dei due figli maggiori per arrivare ai familiari in Svezia: principalmente il rapporto tra Anna e la nonna materna. Non era stato superato il dolore per la perdita della famiglia precedente di Igmar, la sua prima moglie e la figlia. Dobbiamo inoltre tenere conto che nelle famiglie migranti si osserva una diminuzione della capacità di contenimento affettivo da parte genitori, situazione simile a quanto accade nelle famiglie ricostituite nella loro prima fase di convivenza. D’altra parte, e come suole accadere nelle famiglie ricostituite, non c’era un riconoscimento del fatto di essere una famiglia speciale. Tutti questi aspetti sono stati presenti nel nostro lavoro con questa famiglia e fu possibile affrontarli in un ottica sistemica nella quale vennero integrati interventi cognitivi, emotivi, pragmatici e furono messe in atto tecniche attive durante le sedute.

Questa famiglia, e la sua buona evoluzione a partire dall’intervento terapeutico, ci ha permesso di riflettere sulla complessità della rete di relazioni nelle famiglie ricostituite e in questo caso con migrazioni multiple e sradicamenti. La dissonanza culturale tanto affascinante quando si tratti di migrazioni brevi di tipo turistico può portare a rifiuti importanti quando la convivenza multiculturale intima si prolunga e le persone non riescano a integrare le differenze. Le conseguenze per lo sviluppo psicosociale degli individui possono essere importanti e perdurare nel tempo. Carlos Sluzki afferma che sono necessarie 2, 3 generazioni perché possa avvenire una integrazione funzionale nelle famiglie migranti. Se questo processo ha successo allora si può parlare di "famiglia globalizzata" e di cultura come trasformatrice della natura umana attraverso l’integrazione della diversità.

Torniamo all’evoluzione verso l’individualismo. Un altro fattore che lo favorisce è la competitività e l’attribuzione di valore al rendimento, al successo e ai beni materiali caratteristici della società occidentale attuale. Per raggiungere l’autonomia sociale propria del successo personale è spesso richiesta una mobilità geografica: per esempio il tecnico, lo scienziato o il dirigente che devono lavorare per un periodo, a volte lungo, in un’altra città o anche in un altro paese. La persona disposta a spostarsi ottiene spesso di migliorare le sue condizioni di lavoro, economiche, professionali, etc. Questa autonomia sarà più raggiungibile per quegli individui che sono più liberi da obblighi familiari o che possono rendersi indipendenti dalla propria rete sociale con maggiore facilità. Pertanto possiamo notare come la mobilità aumenti l’individualismo e l’isolamento in modo circolare.

L’influenza dei mezzi di comunicazione, che globalizzano l’informazione e a cui è esposto l’individuo in forma massiccia, fa entrare nel cuore del quotidiano le culture più diverse rendendole più vicine. In questo senso l’onnipresente televisione ha una pesante influenza in quanto riesce a penetrare nel nostro spazio intimo permettendo all’individuo di ricevere un amplio ventaglio di esperienze altrui che possono diventare delle possibilità per se stesso.

Riguardo ai vertiginosi cambiamenti che stiamo vivendo dobbiamo inoltre segnalare la diversa situazione della maternità e paternità mediante le moderne tecniche di fecondazione. Si possono osservare varie tipologie di madre: la genetica, la portatrice del feto, l’educatrice e la "completa" quella cioè che assume tutti e tre i ruoli. Questa situazione sta avendo una profonda ripercussione nella relazione tra i generi. Sarà interessante osservare le strutture che si creeranno, come sarà interessante valutare il disimpegno dei ruoli e funzioni.

Le tendenze demografiche in Europa possono essere così sintetizzate: maternità tardiva, aumento della decisione di non avere figli, aumento del numero dei bambini nati in coppie senza unioni legalizzate, diminuzione del numero dei membri di una famiglia, aumento delle separazioni e divorzi, con la costituzione di nuove coppie o famiglie ricostituite. Si deve inoltre ricordare l’aumento delle adozioni in generale e quelle internazionali in particolare. Purtroppo queste adozioni spesso non hanno un esito positivo. Potremmo parafrasare Max Frisch, lo scrittore svizzero che negli anni ’60, prima dell’intensa immigrazione avvenuta nel suo paese, disse "avevamo bisogno di mano d’opera e sono arrivate persone". Di fronte alla situazione creatasi con l’avvento dell’adozione internazionale potremmo affermare: avevamo bisogno di un figlio e è arrivato un estraneo. Per tanto, anche in questo caso potremmo chiederci se anche queste famiglie saranno in grado di "globalizzarsi", cioè di integrare la differenze per creare una nuova cultura di convivenza.

L’intricata realtà attuale determina una crescente complessità nella rete di relazioni, la necessità di negoziazione permanente nei sistemi di convivenza per poter adempiere ai propri compiti in maniera soddisfacente. Si fa indispensabile un coordinamento efficace rispetto al tempo e allo spazio dei membri familiari, una ricerca continua di soluzioni per le difficoltà quotidiane che compaiono maggiormente dove è maggiore l’individualismo dei suoi membri. Questo complesso numero di esigenze rende più vulnerabile il sistema nel suo complesso.

La pluralità delle forme e stili di vita attuali ha provocato la decostruzione della rappresentazione della "normalità" il quale in maniera ricorsiva porta all’indebolimento dei canoni sociali. Sarà più facile integrare le differenze quando "il normale" termina di essere prescritto dal contesto? Allora: Sarà possibile che la famiglia "globalizzata" diventi un sistema funzionale del ventunesimo secolo?

 

* Susana Baer Mieses,

Psichiatra, psicoterapeuta, terapeuta della famiglia,

Centro Atenea,

Blasco de Garay 88,1 B,

28003 Madrid, Spagna.

www.terra.es/personal/ateneatf

 


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